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El Aloe Vera es una planta que crece principalmente en zonas calurosas y secas. Sus hojas verdes, con un borde espinoso, son muy carnosas y en su interior guardan un gel que apenas tiene olor o sabor. Esa pulpa es la empleada para crear numerosos bálsamos y remedios. Ya en la antigüedad esta planta era un símbolo de belleza y salud.
Las propiedades y beneficios del Aloe Vera son innumerables: emoliente, hidratante, cicatrizante, antiinflamatorio…entre otros muchos más. Entre sus efectos sobre la piel destacan la estimulación de la regeneración de las células. Su contenido en aminoácidos le confiere una propiedad astringente, por lo que limpia los poros en profundidad. Además, sus propiedades hidratantes aportan una mayor flexibilidad a la piel. Pero los beneficios de esta planta no se limitan exclusivamente a la belleza. Sus principios activos proporcionan un refuerzo al sistema inmunológico. Entre otros está su contenido en minerales, que facilita una mayor oxigenación de las células; la creatinina, imprescindible para el almacenaje y transmisión de la energía; o sus aminoácidos, que influyen en la formación de proteínas. También se conocen sus propiedades bactericidas, gracias a la aloemodina, que regulan el sistema digestivo.
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