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El acné es una inflamación de la piel que aparece generalmente con la adolescencia cuando, al incrementarse y alterarse el nivel de hormonas, las glándulas de la piel producen más grasa. Esta grasa, junto a bacterias y células muertas, causan la obstrucción de los poros de la piel. Por esa razón el acné suele desarrollarse en las áreas de la piel con mayor secreción de sebo, como son la cara, el cuello, el pecho, la espalda y los hombros.
El acné es una enfermedad leve común, el 85% de la población ha padecido acné en algún momento de la vida. La edad en la que se produce con mayor incidencia se sitúa en torno a los 15 años en las mujeres y algo más tarde en los varones. El acné no deja secuelas, es sencillo de tratar y controlar e incluso a menudo desaparece de manera espontánea. Para controlar el nivel de grasa de la piel es necesario seguir una serie de cuidados mediante la aplicación local de lociones o cremas, que permiten generalmente la eliminación de los comedones, y mediante el seguimiento de una serie de prácticas saludables. No debe utilizarse ningún cosmético graso, ni manipular o presionar las lesiones. La sudación y el exceso de hidratación también deben ser evitados en lo posible. La radiación ultravioleta del sol puede mejorar el aspecto de las lesiones, pero deben recordarse las recomendaciones generales sobre la piel y el sol. El principio del tratamiento debe ser la limpieza del exceso de sebo, mediante un simple lavado. Éste debe ser realizado dos veces al día, con agua y jabón neutro, secando la cara perfectamente con una toalla suave. No es preciso un mayor número de lavados, salvo si la piel es muy grasa. Mantener una dieta equilibrada es también imprescindible para una piel saludable.
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